viernes, 21 de julio de 2017

HERMES.



Estuvimos mucho tiempo cenando -ella de lado-,
casi treinta años pasándonos cosas, el pan
y todas las dificultades, los dolores de los brazos,
cuando a veces la lluvia llegaba oliendo a pólvora.

Nos divertíamos pensando en nuestros secretos,
mintiéndonos con los ojos.
Yo a veces soñaba que era el dios Hermes,
cargado de mensajes que quitasen la monotonía de las brumas.
De vez en cuando la luna ensangrentada después del equinoccio
de primavera.
Aquella luz rosada atravesando el tendal lleno de ropa.
Ahora, tarde ya, me doy cuenta
que era una gran fortuna
tenerte allí,
para sentir tu brazo que me ayudaba a levantarme.

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